EL TURISMO:
ESPERANZA DEL SIGLO XXI
A veces, recurrir a la historia para encontrar respuestas a problemáticas del presente, adquiere el valor de las verdades más profundas. Otras, producen sorpresas inesperadas.
En el caso del turismo, no deja de sorprender que el primer registro que exista de la palabra “tur” (turismo), tenga origen en los más antiguos de la humanidad: en el viaje que las Tribus de Israel iniciaron hacia la “Tierra Prometida”, hacia Canaan. En efecto, los “baqueanos” que se adelantaban a inspeccionar el camino a recorrer, llamaban “tur” a ese viaje que iniciaban y finalizaban en el campamento establecido para descansar antes de la próxima etapa de marcha.
Sin embargo, no fue sino hasta finales del siglo XIX que el “tur” pasó a ser un viaje de placer, reservado a unos pocos. Entonces fue en tren; décadas después se sumaron los barcos y los aviones; finalmente los automóviles, y un día cualquiera serán las naves espaciales. Al principio fueron posadas, las mismas que originariamente utilizaban los comerciantes. Lentamente, la industria del alojamiento fue evolucionando, y la hotelería actual ofrece comodidades que superan ampliamente no sólo las del hogar, sino también las de un palecete en muchos casos.
A mediados de siglo, la aspiración máxima de muchos gobiernos fue socializar el turismo: procurar que las clases más débiles accedieran a él mediante planes especiales, hoteles especiales, servicios especiales.
Y en los años 60, hubo un país que, habiendo descubierto las bondades que su geografía y su clima representaban para ciudadanos extranjeros, eligió la actividad turística como la exclusiva forma de renacer de largos años de guerra: España.
Fue modelo en el mundo entero: universidades, escuelas, organismos públicos y privados incorporaron la política española de desarrollo turístico a sus planes de estudio y comisiones de trabajos. Aún hoy, España continúa liderando políticas turísticas. Demostramos que desarrollar el turismo era la mejor opción para generar empleo, lograr una más amplia distribución de los beneficios, y mejorar la calidad de vida de los habitantes.
Desde entonces, muchos países tomaron en cuenta sus propios valores para la puesta en marcha de destinos turísticos.
Pero mirando al pasado y viendo el futuro hay que recordar y tomar nota que debió caer el bloque socialista para que otro país apostara su futuro también al turismo: Cuba. La pequeña isla caribeña, con aproximadamente 10.000.000 de habitantes, perdió a su socio y patrocinador, la URSS.
La situación económica de la población era tan grave, que debieron adoptar el plan de supervivencia previsto para caso de guerra: “período especial”. Racionamiento absoluto. Pérdida de transporte terrestre por falta de combustible. Hambre por falta de alimentos. Merma en la salud por carencia de medicamentos. Oscuridad por escasez de energía eléctrica. El Estado ya no podía sostener los puestos de trabajo; la gente era enviada a su casa. Viviendas sobre ocupadas por varias familias. Crisis social por esta convivencia insalubre.
Cuba se propuso solucionar estos problemas: En 1994, apostó por el turismo. En cinco años lograron desarrollar destinos turísticos donde había paisaje virgen; aviones completos de pasajeros extranjeros aterrizan en aeropuertos de reciente construcción; un alto porcentaje de la población hoy trabaja en relación directa o indirecta con el turismo; las inversiones continúan, en las condiciones que el proyecto del país impone: para construir un hotel en La Habana, la empresa debe asumir la construcción de otro en un destino a desarrollar. Excedieron las expectativas numéricas de pasajeros previstos para el primer quinquenio. Cuba necesitaba un milagro; con una política clara van camino a una solución.
Después, fueron los países surgidos del desmembramiento de la URSS quienes imitaron el ejemplo.
Mientras tanto, Argentina, un país que goza de una variedad geográfica y climática que ha permitido hablar de “cinco continentes” en una sola oferta; que posee atractivos naturales únicos en el universo; que ha carecido de problemas raciales o religiosos que limitaran el interés del mundo…esa Argentina rica desde todo ángulo, permaneció indiferente al turismo como actividad económica de importancia.
Finalmente hoy, iniciado el siglo XXI, se oyen rumores creíbles. Nuevas voces que hablan del turismo como factor de desarrollo económico social. Hoy, cuando nuestro país alcanza índices de desocupación sin precedentes, finalmente hay quienes comprendieron que el gran generador de empleos para los próximos años, puede ser el turismo.
Y, finalmente, se proponen rumbos de acción concretos, enmarcados en proyectos que contemplan la imperiosa necesidad de contar con políticas claras. Políticas que deben, necesariamente, contemplar todos los aspectos que intervienen en la actividad turística: la legislación laboral y tributaria por igual; la capacitación y la comunicación; las cuestiones relacionadas con el transporte y las terminales; la seguridad y la salud; la comercialización, las inversiones, y nuevamente, el turismo social.

















